Dos notas y un tiburón que casi no sale
Tiburón (1975) · John Williams
El tiburón mecánico de Spielberg se estropeaba cada vez que tocaba el agua salada. Muchas escenas tuvieron que rodarse sin enseñar al monstruo, solo insinuándolo, y ese hueco lo ocupó la música.
Williams escribió un motivo de dos notas graves separadas por un semitono, mi y fa, que se repiten cada vez más deprisa. No describe al animal. Describe que se acerca. El tempo hace de distancia: lento cuando está lejos, acelerado cuando ya no hay escapatoria.
Lo más fino es cuándo calla. En la escena de la aleta falsa, la broma de dos niños con un cartón, el tema no suena. La película enseña al espectador una regla sin decírsela: si no hay música, no hay tiburón. Por eso la primera aparición real del animal, sin aviso musical, asusta el doble.
Williams ganó con esta partitura su primer Óscar a una banda sonora original. Medio siglo después, dos notas siguen bastando para vaciar una playa.
En preparación
El silbido que hizo un wéstern
Morricone, Leone y la idea de que una guitarra eléctrica y una voz humana podían sustituir a la orquesta de Hollywood.
Un órgano en el espacio
Cómo Zimmer usó el órgano de una iglesia de Londres para dar escala humana a Interstellar.
Las cuerdas de la ducha
Herrmann y la decisión de escribir Psicosis solo para cuerda.